El gavilán pollero por Pedro Infante.
Pegadiza, eso sí: "...Sin mi polla yo me muero...", aunque ya Lorena Bobbit nos enseñó que eso no es así.
Y es que, lejos de destruirse, el español se enriquece con las variaciones que le vamos aportando a lo largo de los años desde uno y otro lado del charco. Una palabra que aquí ha quedado obsoleta, o que tiene un uso muy restringido (por técnica, por tabú...) allí es moneda común. Y viceversa. Y a la vicecontra. Y a la requeteviceversa. Desde allí nos agarran una palabra, la llenan con otro significado y nos la devuelven para que ahora tengamos una herramienta más para describir nuestra realidad. Un placer.
Ya he dicho otras veces que me encantan las palabras: cogerlas, retorcerlas, sacarles brillo a algunas que están ahí atascadas, en el fondo del baúl, y usarlas para decorar una realidad de lo más actual.
Magia en estado puro.
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